Piensa en tu epitafio, una novela de Virginia Mas

Piensa en tu epitafio, una novela de Virginia Mas

068Virginia Mas es escritora, y “Piensa en tu Epitafio” su segunda novela. Es un libro de suspense, de intrigas y muertos,  y algunas escenas ocurren en nuestro barrio, en el Cementerio de la Almudena,  la plaza de Quintana y Docamar. (Uno Editorial 2015)
“Caía la espesa niebla como un manto sobre las lápidas de mármol. Era una noche de diciembre y no conseguía diferenciar el humo de mi cigarro del vaho que exhalaba. Cementerio de la Almudena. 00:10 de la noche. Me acompaña el sonido hueco de mis pasos sobre el laberinto de este camposanto subterráneo que tiene más habitantes que la capital. Antes de dormir, se me agarró al pecho la melancolía. Inviernos atrás dejé en este lugar una conversación pendiente. Sin réplica posible. Un monólogo inanimado sobre las cuestiones esenciales de la vida”.
 Así empieza mi historia pero me siento preparado para transformar su desenlace.PENTAX DIGITAL CAMERA
Disculpen mi insolencia, no he llegado a presentarme. Mi nombre es Martín Heredia. Viudo. Torpe de nacimiento. De carácter huraño y estatura media. Ya ha amanecido y es domingo en la Plaza de Quintana. La plaza de los cromos o de las partidas de cartas de los viejos. Aquí he tomado la firme decisión de salir de mi nombre y de mi cuerpo. En la puerta del Docamar he quedado con uno de sus habituales clientes, un misterioso contacto capaz de enterrarte, publicar tu esquela y concederte la segunda oportunidad que todos necesitamos.
Guardo el sobre que me entrega, disimulado, en el bolsillo de la chaqueta. Mi nueva identidad. Pido en la barra una cerveza y una ración de patatas con aquella salsa brava sublime. Los niños de San Ildefonso entonan la letanía del Gordo de la Lotería de Navidad. Los clientes contienen la respiración al unísono. Un papel arrugado se precipita de mi bolsillo hacia el suelo cuando me disponía a pagar la cuenta. Lo agarro entre los dedos mientras repaso aquel número con la mirada. Hoy me permito dejar sobre el plato una propina suculenta. Ángel, el camarero, me desea un día extraordinario. -Serás testigo de infinidad de secretos e intrahistorias de los habitantes de este barrio-especulo proyectando una sonrisa sincera. Regresaré pronto pero seré otro. Llevo el sueldo de más de setenta obreros doblado en el paquete de tabaco.
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