Camareras, mujeres y madres…

Camareras, mujeres y madres…

A pesar de la estrecha relación entre la mujer y la preparación de alimentos desde las épocas prehistóricas (la primera receta gastronómica de la humanidad: la sopa, fue probablemente descubierta por una mujer peluda que jugaba con fuego), la realidad es que desde que se pasó de estas sociedades matriarcales basadas en la maternidad al sistema patriarcal nacido en Mesopotamia (actual Irak), cuna de casi todas las religiones y donde se desarrolló la política y el estado casi como hoy lo concebimos, la mujeres se vieron desplazadas de los ámbitos de poder, incluso de los fogones, más allá del ámbito privado.

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Judith, camarera de Docamar y protagonista de esta historia

De hecho, según el “Código Hammurabi” (más conocido como “Ley del Talión”), primer compendio de leyes de la historia grabado en piedra en el año 1760 a.C por el rey babilónico Hammurabi, se especificaba que las pocas profesiones a las que las mujeres podían acceder no eran otras que las del casamiento, el ser esclava, sacerdotisa o “comerciante en vinos de dátiles y dueña de una taberna”, que era lo mismo que decir prostituta…

Actualmente, el 53% de los trabajadores en hostelería son mujeres, y poco a poco esos prejuicios se van desvaneciendo. Muchas de estas mujeres además, son madres, y como tales observan la vida desde detrás de una barra con una mirada distinta a la de cualesquiera otras mujeres.

El pasado día de la madre, Judith, una de nuestras camareras, atendía a una clienta a la que también sirvió el año pasado. La recuerda porque la mujer venía acompañada por su hijo, un chaval de unos catorce años alumno del Obispo Perelló, que como regalo especial para su madre, había roto su hucha para invitarla a tomar unas bravas en el Docamar. Un año después ese chaval ha vuelto a romper su hucha, y sacar las pocas monedas que había, para invitar de nuevo a su madre. Judith también tiene hijos, pero hace cinco años que no los ve, lleva todo ese tiempo trabajando para traerlos a España con ella. Dentro de poco vendrán, y serán ellos quienes inviten a su madre, mientras otra camarera les sirve.

Recuerden esta historia cuando una sonriente muchacha les sirva una caña y les ponga una tapa, ha costado casi 4.000 años que pueda hacerlo sin ser prejuzgada.

por Patxi Melgarejo

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