¿Del atleti, del madrid o castigadas? (Post con motivo de la final de Champions de 2014)

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¿Del atleti, del madrid o castigadas? (Post con motivo de la final de Champions de 2014)

¿Del atleti, del madrid o castigadas? (Post con motivo de la final de Champions de 2014) | Corazón de Patata, el blog de Docamar

Docamar tiene una extensa tradición futbolera y de hecho, para facilitar el trabajo a los camareros y complacer a la gente que tenía distintos gustos sobre la cantidad de salsa que debía llevar su ración de bravas perfecta, hace años ideamos una nomenclatura para pedir las raciones con nombres futboleros, como “las del Madrid”, que no llevan salsa, o “las del Atleti”, que sólo llevan salsa en la mitad del plato. Aunque, sin duda, las más solicitadas sean “las castigadas” (con mucha salsa) o “las muy castigadas” (con mucha más salsa todavía).

¿Por qué nos entusiasmamos tanto con 22 tíos en pantalones cortos pegándole patadas a un balón? ¿Por qué lloramos como niños destetados cuando pierde nuestro equipo o salimos a la calle ebrios de alegría cuando gana si no nos va la vida en ello, no vamos a cobrar los sueldos millonarios de los jugadores y no vamos a ser ni mejores ni peores cuando el árbitro pite el final del partido?

Hay estudios que demuestran que todo eso tiene unas raíces psicológicas de las que muchas veces no somos conscientes. El fútbol no deja de ser la representación de una lucha entre dos, y al sentirnos identificados con una de las partes su victoria actúa como una victoria nuestra, sobre la realidad, sobre nuestras vidas en las que cada vez obtenemos menos resultados positivos frente a los retos que se nos presentan, sobre el otro que no soy yo y que se asume como una fuerza opositora cuya función es impedir que nos adelantemos en el marcador para recibir nuestra merecida recompensa. Por eso sufrimos cuando vemos un partido, todos queremos el premio: sentirnos vencedores por un instante y tener la satisfacción de que nuestros esfuerzos diarios en la lucha contra la rutina se ven recompensados de alguna manera.

Sentirnos parte de un equipo nos ofrece además un consuelo momentáneo a ese sentimiento de soledad inherente al alma humana que, como seres gregarios y sociales que somos, tenemos la necesidad de apaciguar de alguna manera. La lucha primitiva del ser humano es una lucha interminable contra la soledad.

Por eso nos reunimos con cualquier excusa, y ninguna mejor que una gran final como la del próximo sábado. Porque gane o pierda nuestro equipo favorito, no hay mejor recompensa que pasar una tarde de sábado rodeado de buenos amigos.

Por Patxi, bloguera y pintora de pizarras

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