Del impacto al pacto

Del impacto al pacto

Parece el título de una peli de Bruce Willis y en cierto modo casi lo es porque lo mío con Docamar es como una película pero de amor: Amor por la comida. ¿Quién podría decir que tendría un final tan feliz ?

Yo no lo sabía, cuando pasé por Quintana la primera vez para ir a casa de quien ahora es mi pareja me dijo: “-Eh, hay un bar aquí al lado que ponen las mejores bravas del mundo”. Vaya por delante que a un producto como las bravas nunca hay que decirle que no. Yo soy de esas locas por las raciones tan típicas y nuestras. “- Por favor, 2 cañas”. Ahí empezó la magia.

Jamás, y digo jamás, había probado unas patatas tan buenas. Pero no buenas de “bah, como aperitivo de bar para pasar la cerveza vale”, no, buenas de verdad, tan buenas que te saben a poco. La experiencia empezó en la barra y terminó arriba en una mesita, viendo la plaza y comiéndome un bocadillo de calamares que daba gusto verlo. “- ¿Ves?, te dije que te molaría”. Y tanto, benditas bravas y bendita salsa (que por cierto se la puse también al bocata). A los pocos meses, volviendo de un viaje de trabajo, pisé Barajas y dije: “ya que estoy por aquí, comida para llevar”, dicho y hecho; me llevé 2 raciones de bravas con mucha salsa (el término es castigadas) y un bocata a casa. El resto de veces que he ido ha sido con amigos, los cuales hartos de escucharme han sucumbido a venir y deleitarse .. .también a echarse unas risas de como siempre pido una botella de salsa y la miro con gula.

Llamarme loca, pero soy de esas personas que cuando le gusta algo no lo cambia y así es cómo descubrí mi amor por Docamar. Como a parte de comer, me gusta también escribir, el bueno de Raúl Cabrera a base de ver que en Twitter no hago más que mencionarlos se puso a indagar, leyó algo de lo que tengo por ahí publicado y me dijo: “- Vente y escribe para nosotros”. Yo, que según mi madre, soy muy bien mandada y de las que piensan que si haces algo que te gusta con pasión, el resultado es bueno, soy la que hoy quiere transmitiros a través de unas pocas palabras su opinión. Y así es como ha empezado esta aventura con gente tan auténtica y tan de barrio como la que trabaja en Docamar.

Un local que lleva ya más de 50 años ahí, en la plaza, justo a la salida del Metro Quintana, viendo cómo los domingos los chavales cambian cromos, los papás y mamás disfrutan de un rico aperitivo y los abuelos toman el sol periódico en mano y que pese a su tradición se ha sabido renovar y adaptar; no hay más que ver los murales que les hacen en la pizarra de la barra, siempre geniales y siempre cambiando, a gusto del consumidor.

Los pactos se firman con sangre, nosotros lo hemos hecho con salsa brava. Hoy os digo con orgullo que seguramente vais a leer algo más de esta servidora y que estaré a vuestra disposición para lo que queráis sugerir.

pelirroja-encabronada

Eva Escribano – Bloguera

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