La receta nuestro flan de queso: del imperio romano a los ritmos caribeños

La receta nuestro flan de queso: del imperio romano a los ritmos caribeños

Hoy vamos a deleitarnos en la elaboración de uno de los postres más populares que se sirven en Docamar: el flan de queso casero. Pero antes les voy a contar como ha llegado hasta sus mesas.

flanes

Su origen se puede remontar a la antigua Roma, hace más de 2.000 años, donde se cocinaba un plato de crema a base de huevos al que llamaban “flado”. A medida que su imperio se iba extendiendo llegando a otros países el consumo del “flado” se popularizó y fue variando según los gustos de cada zona, añadiéndose ingredientes como canela, almendras, espinacas, pescado o queso, pasando a denominarse de manera generalizada “flaon”, palabra proveniente del francés antiguo.

Cuando llegó la Edad Media con sus batallas y leyendas, la producción de huevos y leche había aumentado lo suficiente entre el pueblo llano como para convertirse en uno de los alimentos más importantes del menú del vulgo, sobre todo durante la cuaresma, cuando el consumo de carne estaba prohibido según los cánones del cristianismo, que ya se había extendido por toda Europa.

Luego llegó Colón a las Américas y se llevó consigo la receta, que acabó convirtiéndose en parte de la dieta de las distintas regiones conquistadas, donde se le fueron añadiendo otros ingredientes como naranjas, café y chocolate. En algunas zonas el queso crema se mezcló y dio por resultado lo que hoy conocemos como “Flan de Queso”, especialmente popular en Guatemala, México y Puerto Rico. Desde ahí llegó a los Estados Unidos, con su sueño americano y su mundo de marcas registradas, donde una de ellas, la del queso crema Philadelphia publicó su propia receta, que es la que después de tantos vericuetos puede que estén saboreando en este mismo momento.

Así que ya saben, cojan 4 huevos, si son de gallina de granja alimentadas sin piensos artificiales, mucho mejor, así quizás recojan un poco de ese sabor antiguo que les lleve a ver desfilando ante sus ojos a las centurias romanas o a escuchar las viejas historias de los caballeros andantes salvando a las damas en apuros… Luego bátanlos en un cazo a ritmo de reggaetón, sintiendo en sus caderas los bailes caribeños, añádanle 1 litro de leche de las mejores vacas asturianas o gallegas, de esas que no se crían en naves industriales sino que pastan orgullosas en los prados españoles, libres de hormonas y otras sustancias, agreguen 360 gramos de azúcar para endulzar sus vidas, 800 gramos de Philadelphia por si lo del sueño americano existe, y 3 sobres de cuajada para que todo tenga la consistencia adecuada.

Pasen toda la mezcla por la batidora como si Chuck Berry les estuviera observando hasta que haga algo de espuma, y pónganla a cocer al baño maría, en 14 moldes previamente caramelizados, para llegar al éxtasis y justo antes del orgasmo, cuando estén bien cuajados, saquen la bandeja del horno sin quemarse, y déjenlos enfriar a temperatura ambiente.

Y aunque ya hayan empezado a salivar, es mejor meterlos en la nevera, y tomarlos al día siguiente, porque todo lo bueno se hace esperar.

Por Patricia Melgarejo (nuestra pintora de pizarras y escritora)

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