La reivindicación del cocinero

La reivindicación del cocinero

A menudo la gente cree que trabajar en una cocina es algo simple y que cualquiera podría hacerlo.

Hoy quiero contDocamar2 039aros como es un día de faena. Todo empieza en el vestuario. En el momento que coges la chaquetilla sabes si vas a salir por la puerta grande , si vas marcar un gol y si vas a poder cocinar a compás con tus compañeros. El Docamar es la plaza de las Ventas de los bares y el Bernabeu del tapeo, por eso cocinar aquí se convierte en algo más complejo. No vale solo saber cocinar, también hay que saber torear y no un toro si no a una docena de camareros.

No importa tu puesto y la función que tienes. Por más simple que sea, tiene gran importancia. El jefe de cocina debe dirigir la orquesta y transmitir el momento en el que empieza el baile, aparentar la calma en medio de guerras de platos y barullo de clientes ajenos al ir y venir de la cocina.  Todos corremos para un solo fin, que nuestras tapas lleguen a las mesas con el calor de los fogones y el aroma del trabajo bien hecho, aunque no siempre lo conseguimos, hay días que sí.

A lo largo del tiempo que llevo trabajando en la cocina tengo la receta más valiosa para hacer cualquier plato que nos podamos imaginar y hoy os doy los ingredientes, son muy fáciles de encontrar pero nadie los puede comprar así que tomar nota.. Tan solo son tres:

–       Una pizca amor

–       Una cuchara sopera de cariño

–       Y un chorreón de alegría

Mézclalo todo y tus platos serán especiales, tan especiales que aquel que los pruebe lo recordara para siempre.

Existe un eclipse continuo a estos bares de toda la vida por parte de la alta cocina y de los chefs estrella Michelín, a los cuales admiramos su afán por la creatividad, pero desde aquí quiero reclamar la continuidad de los establecimientos castizos de la ciudad, con el típico camarero de toda la vida que te tomaba nota con el boli mientras le pedía a la cocina; – !una de “cocretas”!! Y donde a un flan  no le llamamos tembladera de azúcar y huevo al golpe de calor en su espejo caramelizado, que tardas mas en leerlo que en comerlo, y donde el aperitivo estrella son una bravas y no las patatas chips crujientes de Matutano.

Y qué decir de la decoración, donde era abundante ver patas de jamón colgadas y pucheros de barro, ahora entras a un restaurante y parece que esta sin amueblar, luego ya te dicen que es minimalista… así que señores yo les invito a que conozcan el embrujo que mantienen estas tabernas desde hace más de medio siglo.

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