Me gusta el bar

Me gusta el bar

Hoy vamos a recordar una historia de esas que nos demuestran lo importantes que son las cosas más sencillas, como el sabor de nuestra comida preferida, o el olor de esa persona a la que tanto queremos, o el color del cielo el día que descubrimos por primera vez que estamos solos – que no solitarios – en ese camino que es la vida.

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Reproducción del correo que recibimos de Ted Bové

Probablemente algunos de los que hayáis pasado por el Docamar os habréis fijado en un pequeño cuadro colgado en una de las paredes del pasillo que da acceso a los aseos. Allí enmarcado se encuentra un mensaje cuyo encabezamiento reza así: “Me gusta el bar”. Nos lo escribía Ted Bové, un americano tan loco por las bravas que hasta nos copió el nombre para usarlo en su cuenta de correo.

“Aunque vivo en EEUU, la familia de mi mujer vive no muy lejos del Docamar, y siempre que estamos en Madrid paso por allí tres o cuatro veces a la semana para Las Bravas (bien cargadas). No hay cosa mejor en Madrid. Hasta mi dirección de email refleja el sabor de las bravas que no puedo olvidar aunque esté aquí tan lejos. Cuando mi mujer visitaba a su familia en las pasadas Navidades, el mejor regalo que me trajo fue una botella de salsa brava del Docamar. Su tío, cliente asiduo, habló con el camarero y habló de su sobrino en EEUU y lo mucho que le gustan las bravas del Docamar. La salsa llegó en buenas condiciones y es tan exquisita como siempre. Gracias. Nos veremos en mi próxima visita a Madrid.”

Ted, que así se presentaba en 2007, nos dio permiso para enmarcar su mensaje y que el resto de clientes pudiera ver hasta dónde había llegado la fama de las bravas del Docamar.

“Estimado Raúl:

¡Muchísimas gracias por haber respondido a mi mensaje!

¡Claro que no me importa que mi mensaje esté colgado en la pared del bar! ¡Mucho mejor! Seguramente el tío de mi mujer pase por allí para verlo (y ventilar unas cuantas bravas).

Aunque tarde un rato en volver a Madrid (tal vez no hasta el verano de 2008) preguntaré por ti la primera vez que esté en el Docamar.

¡Hasta pronto!”

En Septiembre de 2008, tras regresar de las vacaciones de Agosto (mes en el que cerramos por vacaciones), Raúl volvió a encontrarse con el mensaje de Ted mientras revisaba emails antiguos, y como no había tenido noticias de él, le envió un correo para saber si vino y se encontró el bar cerrado, o si todavía no había venido y estaba a tiempo de saludarle y compartir encantado unas bravas con él. Por desgracia Ted nunca pudo regresar a España a comerse unas bravas en el bar. Nos enteramos por su tío que había fallecido.

Para nosotros, que la dirección de correo de Ted fuera docamar@hotmail.com no tiene precio, y las palabras que contiene el email que un día nos escribió son el mejor y más sencillo reconocimiento con el que jamás hubiéramos soñado. Por eso desde aquí queremos rendirle un sincero homenaje a él, a su familia, y a todas esas personas que saben que los mejores regalos no tienen porqué ser los más caros. Para nosotros, Ted, ya formas parte de la pequeña gran historia del Docamar y de todos los que por aquí han compartido parte de sus vidas, haciéndonos partícipes de ellas.

Por Patxi Melgarejo, pintora y bloguera de Docamar

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