Ponle otra de bravas Sam. La bonita historia de Jose y Mila

Ponle otra de bravas Sam. La bonita historia de Jose y Mila

La primera vez que Diana salió con el que luego fuera padre de su hijo, acabaron paseando por la plaza de Quintana, y llamados por la curiosidad de ver mucha gente agolpada en una de sus esquinas, decidieron sumarse a la manada. Era la hora de las bravas en el Docamar.

Pidieron una caña y una ración de bravas, la primera tapa española que Diana probó desde que llegó desde su Ecuador natal. Recuerda que mientras tomaba el aperitivo veía a los camareros ir de un lado a otro de la barra sin parar y se decía “¡Yo jamás podría trabajar en un sitio así!”. Años más tarde, siendo empleada de la pastelería Obrador del barrio La Concepción, conoció a Raúl sin saber aún que era el dueño del Docamar. Y lo que es la vida, desde hace casi cinco años Diana trabaja con nosotros como camarera, y es ella quién nos ha dado a conocer la bonita historia de nuestros protagonistas de hoy.

Ocurrió durante la hora del aperitivo de un 17 de julio del año 2000. José, que vivía en Estados Unidos, se encontraba de vacaciones en Madrid y Mila acababa de regresar precisamente de sus vacaciones en Almuñécar. Coincidieron en la barra del Doca acompañados por sus respectivas pandillas de amigos. Mila había pedido primero su ración de bravas, pero el camarero se despistó y se la sirvió a José. Una vez solucionada la confusión, tras minutos de no perderse ojo ninguno de los dos, en un gran gesto de gallardía José le pidió al camarero que le pusiese otra ración de su parte a aquella chica a la que le había intentado robar las bravas un rato antes. Entonces fue Mila quien se acercó valiente al grupo de José para agradecer la invitación, y José aprovechó raudo para pedirle su número de teléfono y proponerle una primera cita para esa misma tarde.

Un año más tarde, el 30 de Junio de 2001, tras una visita a Cincinatti, una estancia en Managua y un concierto de U2, se casaron en Pedraza. Y desde entonces, cada vez que vienen a Madrid (residen en Cincinnati) tienen parada obligada en Docamar para recordar entre risas cómo se conocieron mientras comparten otra ración de bravas.

Mila y José le contaron su historia a Diana, y Diana se la contó a Raúl, que quiso conocerlos. Y después de hacerlo, José nos escribió una magnífica carta para nuestro álbum de recuerdos donde nos contaba una vez más cómo el Docamar está unido a sus vidas; recordando incluso un momento en 2012, en el que escuchando un programa de radio llamado “Marketplace”, desde su cocina de Cincinnati, Mila oyó anunciar que la siguiente trasmisión se iba a hacer desde el Docamar, donde se entrevistaría a Raúl y a los clientes del bar con motivo de la Eurocopa de Fútbol. Cuando Mila le cuenta este episodio a Diana, todavía se emociona; el Docamar, cruzando el charco, llegó de nuevo para recordarles otra vez dónde y cómo se habían enamorado.

Mila y José llevan trece años casados y tienen un maravilloso niño llamado Daniel que siempre que viene a España pregunta “¿dónde está mi princesa?”, refiriéndose a nuestra Diana, con quien siguen en contacto. Esta entrada está dedicada especialmente a él y al hijo de Diana, que aunque os parezca mentira también se llama Daniel.

Esta es la historia que Raúl y Diana me han contado para que yo os la escribiera a vosotros. Nunca se sabe con que lugares y a que personas uno acabará estando ligado, y por eso es necesario aprovechar tanto como se pueda el tiempo que se pasa con cada una de ellas. Compartir historias es hacer crecer la vida, no solo en el espacio, sino también el tiempo.

Patxi Melgarejo, pintora y bloguera

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