Un Nobel para la abuela del cocinero

Un Nobel para la abuela del cocinero

Quién de nosotros no tiene un buen recuerdo de su abuela, quién de nosotros no ha pensado alguna vez que su abuela es la mejor del mundo y quién de nosotros no quisiera tenerlas para siempre, pero la ley de la vida es inquebrantable y llegado el momento se van.

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Mi abuela tenia el mismo nombre que la gran cantante egipcia Um Kalzum, la más grande en los escenarios en los años 50 y 60, pero sin embargo fue una mujer humilde que trabajó toda su vida por y para su familia.

Le gustaba ser visitada y sus puertas siempre estaban abiertas a todos nosotros. Cuando echaba en falta mimos, allí que iba a que me los diera.Tenia el don de convertir cualquier lugar, por más desolado que estuviera, en alegre y acogedor. Me acuerdo cuando nos llevaba a la casa del pueblo, que apenas tenia muebles viejos y una televisión pequeña y una radio de los años sesenta, y la transformaba en el lugar donde pasábamos los veranos mas felices de nuestras vidas. Sólo mi abuela era capaz de estar con nosotros todo el verano sin perder los papeles ni un solo día y sin pasar de una regañina, sin olvidar que éramos niños y que queríamos jugar en todo momento.

Cada rincón de su casa era cómodo y acogedor, pero aunque tuviera que dormir encima de un par de mantas en el suelo no lo cambiaria por la mejor suite de ningún hotel del mundo, porque por mucho que estés en una cama, si no hay nadie que te tape en ese ultimo momento y te de un beso antes de dormir, no se duerme igual.

Como todas las abuelas fue una mujer ejemplar que dedicó toda su vida a sus hijos, a sus nietos y todos los que la rodeaban. Era permisiva, atenta, noble, cariñosa, divertida, chistosa y, a pesar de los pesares, alegre y feliz con lo que le había tocado. Si tuviera que elegir a alguien para estar infinitamente la escogería a ella.

La muerte es lo mas doloroso de la vida y con la suya también ha muerto parte de mi corazón, que ya no necesita tanta sangre para latir porque dos de cada tres latidos eran por ella. Por eso propongo que a las abuelas se les otorgue el Nobel. Ya sólo por ser abuelas se lo merecen.

Te quiero abuela allí donde estés.

– El Coci del Doca –

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