Una de bravas con un poco de historia

Una de bravas con un poco de historia

Hubo un soldado manchego perteneciente al Regimiento de Infantería de Asturias nº31, que hacía guardias en el campo del Moro del Palacio de Oriente durante la Dictadura del General Primo De Rivera, allá por 1928, custodiando la puerta por donde, a menudo, salía Alfonso XIII en sus numerosas escapadas.

Donato-Soldado

El joven Donato Cabrera, uniformado frente al Palacio Real, en la plaza de Oriente. Foto de 1928.

Había salido de su pueblo, Mandayona, en Guadalajara, a la edad de 14 años, para buscarse la vida en la capital, como otros muchos españolitos en aquella década de los duros años 20 del siglo pasado, mientras en las Américas se bailaba con desenfreno el Foxtrot antes del crack del 29.

Encontró trabajo en el Bar Santa Isabel, donde se pasaba todo el día, y cuando cerraba y limpiaba, se echaba a dormir en una colchoneta bajo el mostrador hasta la mañana siguiente. Así día tras día, hasta que, ya finalizado su servicio militar, el dueño de aquel “establecimiento de vinos, aguardientes y cafés” le traspasó el negocio “con todos los enseres, artefactos, e incluso las mercaderías en él mismo existentes”.

Ese 10 de Enero de 1930 se fundó, ya con su propio nombre “Bar Donato”, el primero del que sería el principio de una de las sagas familiares más longevas y avenidas dentro del negocio de la restauración madrileña.

Parte de la herencia de aquel emblemático bar de la calle Galileo en el barrio de Argüelles, que gozaba de gran popularidad y reconocimiento entre sus vecinos, por sus vermuts, sus cañas y buen vino, por sus raciones con productos de la mejor calidad, y sobre todo por el buen trato y el carisma de su dueño, se encuentra recogida hoy en día, tres generaciones después, en el “Bar Docamar” de la Plaza de Quintana, donde la fama de sus patatas bravas ha logrado traspasar fronteras y encontrar devotos de su salsa, incluso entre los descendientes de aquellos bailarines de foxtrot.

Aquel soldado se llamaba Donato Cabrera Martínez, y hoy su nieto, Raúl Cabrera les ofrece junto con una ración de las mejores patatas bravas de Madrid, un trocito de la historia de esta ciudad.

Acérquense al “Bar Docamar” y podrán comprobarlo por sí mismos.

por Patxi Melgarejo

Sin comentarios

Lo sentimos, nos se pueden hacer comentarios por el momento